Sobre libros, escrituras y pinturas…
Alejandra Pizarnik -Juan Batlle Planas
POR SILVIA BATLLE
Alejandra Pizarnik estudió pintura con Juan Batlle Planas. En palabras de Pizarnik: «Él me enseñó el espacio en el que tengo que escribir».
Juan Jacobo Bajarlía cuenta en Anatomía de un recuerdo, que fue él quien los presentó un sábado por la mañana en el Jockey Club de Florida y Viamonte. Ese mismo día acordaron que Alejandra asistiría al taller, a experimentar con las posibilidades expresivas de las tintas guiada por el pintor. Alejandra concurrió pocas veces, pero se interesó por los paisajes perturbadores de Batlle. Aprendió con él a dibujar las viñetas oníricas que acompañaba en sus cartas. Realizaba un dibujo cuando no había encontrado la palabra adecuada. También como Batlle, realizó collages y cuadernos con imágenes. Dicha afinidad pudo ser visualizada en la exposición Entre la imagen y la palabra Alejandra Pizarnik realizada en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno en el 2022.
Compartieron el interés por los escritores surrealistas por la literatura y la pintura. Colaboraron entre sí en publicaciones. Pizarnik como sentido homenaje a Batlle, le dedicó dos poemas luego de su fallecimiento.
Batlle Planas o la libertad en el arte (1957) Revista El Hogar Nº 2483.
Como periodista Pizarnik entrevistó a Batlle Planas junto con Elizabeth Azcona Cranwell.
«Juan Batlle Planas —el gran pintor surrealista— tiene el aspecto de un hombre que está en armonía consigo mismo y con su circunstancia. Una mirada celeste ilumina su rostro de facciones regulares, mirada intensa que expresa madurez intelectual sin desmedro de un extraño brillo que denota asombro. Lo visitamos en su taller del barrio San Telmo y quedamos fascinadas por la atmósfera mágica de sus cuadros, por el despliegue de fantasmagorías que cubre las paredes.
Batlle Planas es un hombre profundamente interesado en todos los aspectos de la cultura. Nos acercamos a él con la seguridad de que sus opiniones —lo mismo que sus cuadros— nos proporcionarán orientaciones sobre cuestiones de valor artístico y de actualidad.
(…)
¿Cree que la pintura surrealista entraña la libertad artística?
Confieso que la conjugación de la libertad me desconcierta y, más aún, el manejo ideológico de ella. El gobierno de las cosas de la libertad entraña tantos despropósitos que siempre he sentido esas especulaciones como una condición de comercio. Es frecuente que la cultura considere a la libertad como algo digno de ejercer y de vivir. Pero desgraciadamente pide estos derechos a posteriori y no a priori. ¡Cuántas veces sus luchas han sido por la antilibertad! Los surrealistas tienen buenas experiencias en ese sentido. Buenas y dolorosas. Yo creo que la libertad es un prejuicio. Antepongo a ella la palabra civilización. En cuanto al surrealismo, tiene dogmas y principios. Cuenta con una vara de medir y es un sistema que tiende, sobre todo, a aceptar el real dictado del pensamiento, y esto para la libertad no es libertad.
¿Continúa siendo el automatismo fuente esencial de la pintura surrealista, es decir, el clásico automatismo enunciado por André Breton en sus manifiestos?
Si bien se ha depurado la técnica de cómo lograr una dirección del automatismo de forma más precisa, considero que el clásico automatismo tiene todavía bastante responsabilidad. Estamos en los primeros pasos para encontrar la mecánica justa y adecuada que nos permitirá conectarnos directamente con la energía.
¿Qué beneficio aporta al artista la pintura automática?
El beneficio de un estilo y de un sistema de las artes.
¿Opina usted que el surrealismo sigue teniendo vigencia como cosa en sí o que ha pasado a integrar otras tendencias o movimientos, diluyéndose en ellos?
El surrealismo no es un ejercicio de salvación. No tiene interés en ser diluido o en dar limosnas. De su vigencia, ¿qué hay que enumerar?
(…)
¿Quiénes han sido sus maestros?
Las calles Victoria, Matheu, Rioja, Lima, Yerbal, los compañeros de la plaza Once y de la isla Maciel, los inventores de las pinturas de Altamira y los pintores que le robaron el verdadero tratado de la pintura a Leonardo. Los poetas que por temor a Dios hablan del sol y los ensayistas que por temor al sol hablan de Dios. También he aprendido de los hombres sencillos y de los viejos, aunque hayan perdido su facultad del juicio.
¿Qué opina del amor?
Creo en el amor orgullosamente. Lo considero el bien más preciado que nos toca vivir. Bien imponderable y precioso que se da como equilibrio civil frente a la realidad incivil del sexo. Son tales las alegrías o las incertidumbres, las pérdidas del sentido o los arrebatos, las glorias de sus venturas y la sencillez de sus recursos que no hay lógica para razonarlo. De él solo saben los enamorados. Reflexionarlo es condición de vencidos.
(…)
¿Qué opina del rock and roll?
Realmente lo veo muy bien. No sé a qué razones obedecen las opiniones contrarias a este desenvolvimiento de la danza que por suerte la juventud siente como algo que le corresponde y le place. Solo la alta tensión de su salud puede adueñarse de este baile. Su cuerpo airoso, sin ataduras, le permite esta nueva relación de ritmo y organismo. El frenesí y la convulsión experimentados están de acuerdo con las características físico-psicológicas de la juventud de nuestro tiempo.
(…)
En cuanto a la poesía, ¿cómo la siente, cómo la vive?
Esta facultad está establecida en todos los seres humanos, si bien, por condiciones especia les, muy pocos la ejercen. La fiebre y la invención, el arrebato y la osadía, el desprecio y el imperio de la poesía es la vida. El poeta, peligroso conductor de la sociedad, siempre tiene razón.
¿Qué poetas corresponderían a sus pinturas?
Dos poetas dramáticos: Adán y Eva. Dos poetas trágicos: Caín y Abel.
¿Cuáles son sus preferencias con respecto a los poetas argentinos?
No prefiero, valoro. Y la valoración nunca es unidad.
(…)
Y, para terminar, ¿qué pintores jóvenes destacaría usted en nuestro país?
Todos. Por suerte, tienen la juventud. La vejez los destacará».
SÁBADO AGÓNICO – Alejandra Pizarnik
Grises quimera ululan en el pantano
De las horas. Sábado clavado en mi voz
Sábado recogido en el crepúsculo de un verso,
Sábado tumbado por relojes muertos
Sábado girando en la locura del dolor
Un número baila en la luz astral
Hay manos trizando nubes, y cómo llueve.
Y qué oscuro, y cuánta soledad
El cielo, niño bueno, sonríe por una gota:
¡Es acá!! Es acá. Señor, la eternidad!
¡Es acá! Donde los besos, sombras
violadas, huyen con los retratos
de antaño ¡es acá!
Fluyen monstruos amados, y un
gemido ancestral briza las raíces.
Sábado adormilado en el humo
¿Qué tiempo te besa y te hace suyo?
¿Dónde mueres, dónde tu honda
cifra se arrincona y cavila?
¡Señor, he aquí otra muerte!
Poemas de Alejandra Pizarnik dedicados a Batlle Planas Batlle Planas en 1966.
A Juan Batlle Planas
UNA PALABRA
Originada por el hacedor de vértigos,
inscrita en los muros de la casa negra,
una palabra inmola
a la de ojos feroces.
En amoroso silencio ella entona
la canción para el yacente.
LA CANCIÓN DEL YACENTE
Todo el día llora por mí el invisible de siete rostros.
El inocente en su espacio de suplicios.
El nacido de su irse.
Toda la noche sueña en mí el yacente.
Violentamente inmóvil sonríe el bienamado.
Elegías a mi mal son sus fúnebres sueños.
Una textura de luz en la que la mano se hundiría
como en la blanda tierra que te cubre, padre mío
de ojos azules recién llegado a tu nuevo lugar callado
Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires en 1936. Es una poeta reconocida internacionalmente.
Ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, pero no concluyó sus estudios. Se interesó por los poetas surrealistas Arthur Rimbaud, el conde de Lautrémont, Antonin Artaud y por Stéphane Mallarmé, James Joyce; en Argentina por Antonio Porchia y Oliverio Girondo. Mantuvo una sólida amistad con Olga Orozco y Silvina Ocampo. Estudió periodismo. Realizó traducciones literarias y colaboró en la revista Poesía Buenos Aires. Residió en París de 1960 a 1964. Trabajó para la revista Cuadernos y en varias editoriales francesas. En 1968 obtuvo la Beca Guggenheim y viajó a Nueva York. Regresó a Paris y luego a Buenos Aires. Recibió premios y distinciones.
Escribió numerosos libros: La tierra más ajena (1955), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968), Los poseídos entre lilas (1969), Nombres y figuras (1969), La condesa sangrienta (1971), El infierno musical (1971), La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa.
Falleció en Buenos. Aires en 1972, inmersa en una profunda depresión, se suicidó.
Fondo documental Juan Batlle Planas- Colección Silvia Batlle

