Sobre libros, escrituras y pinturas…
Aldo Pellegrini -Juan Batlle Planas
POR SILVIA BATLLE
A mi amigo Juan Batlle Planas
Este bastón que tan largo me queda. Que cuando lo miro se me enciende la cintura y se me hace jugo la boca que es suave como la brisa que pone azúcar en el pecho y áspero como el delirio cuando lo digiere el vientre.
Estas palabras con el bastón son para la gran …alma
Dr. Aldo Pellegrini (alias Adolfito aquel)
Aldo Pellegrini [1] fue el principal teórico, difusor y fundador del primer grupo surrealista en el país. A través de revistas fundamentales Qué (1928-1930) antecedente de Ciclo 1948-1949 junto con Elías Piterbarg, David Sussman y Marino Cassano; Letra y Línea (1953-1954), Aldo Pellegrini fue su director, e integraban el comité de redacción Enrique Molina, Carlos Latorre, Julio Llinás, Miguel Brascó, Ernesto Rodríguez, Osvaldo Svanascini, Mario Trejo, Alberto Vanasco y Juan Antonio Vasco; A partir de cero (1952-1956), publicación dirigida por el poeta Enrique Molina, y que cuenta en su redacción con Carlos Latorre, Julio Llinás, Francisco Madariaga, Aldo Pellegrini y Juan Antonio Vasco. Reunió a poetas y artistas visuales de tendencia surrealista.
En relación a Batlle Planas, Pellegrini se refirió a su obra en varios textos; entre ellos El mensaje plástico de Juan Batlle Planas, Cabalgata Nº 20, Buenos Aires, 1948, pp. 1-8-9-16
Cabalgata fue una revista cultural de letras y artes fundada entre los años 1946-1948 por Lorenzo Varela, periodista y escritor español y el artista plástico Luis Seoane, exiliados españoles.
Batlle Planas escribió en dicha revista en el Nº14 un artículo sobre el pintor Gutierrez Solana, el oscuro en diciembre de 1947.
Fragmentos del texto: El mensaje plástico de Juan Batlle Planas
Si toda obra de arte debe ser concebida como mensaje, ninguna mejor que la de Batlle Planas, quien ha elegido la imagen y el color como los medios apropiados para confiarnos sus descubrimientos, hechos al incursionar en ese mundo oscuro del inconsciente, el mundo de los misterios, que, pese al psicoanálisis, no es territorio apropiado para el hombre de ciencia, sino para el artista […]
[…] De todas las experiencias artísticas de los últimos tiempos pueden considerarse dos de ellas como fundamentales, por constituir la polaridad de manifestaciones en que se debate el espíritu del hombre; son ellas el arte abstracto, que representa la anulación del individuo en aras de lo universal y cuyo representante más puro fue Piet Mondrian —ese verdadero asceta de la plástica—, y, en el otro polo, el arte surrealista, que significa la afirmación de lo individual (podríamos decir una afirmación existencial), cuyo representante más neto sería Max Ernst. La actitud de estos artistas, su tarea de creadores de objetos de arte, es completamente distinta: Mondrian buscaba expresar en su obra los elementos de valor universal reducidos al más puro esquema; eso hacía que trabajara continuamente sobre el mismo cuadro durante años, depurándolo incesantemente de todo accesorio; el artista surrealista, utilizando el mecanismo automático de la inspiración pura, se niega a ejercer el control de la razón, de modo que su obra está terminada de entrada, y lo aparentemente accesorio tiene significado y jerarquía en la totalidad del cuadro.
Doy término a este pequeño preámbulo —indispensable en el caso especial de Batlle Planas, ya que este artista se debate personalmente entre la polaridad formada por el arte abstracto y el arte automático puro—, para entrar ya de lleno al análisis de la obra del artista, llamándonos la atención, ante todo, la sinceridad de Batlle Planas consigo mismo: no ha tratado de solidificar su obra en una fórmula o receta, que es frecuente causa de éxito fácil, sino que su lenguaje se ha ido modificando según se lo imponía la necesidad interior, los distintos motivos que buscaban exteriorizarse a través de las imágenes. Por esta razón no ha titubeado en abandonar formas en las que había logrado una perfección notable y el aplauso de un público elegido —halago al que el artista renuncia con dificultad—, porque en ellas encontraba agotadas las posibilidades de expresar su vida íntima. Una sinceridad parecida solo puede encontrarse en dos grandes artistas contemporáneos: [Pablo] Picasso y Wolfgang Paalen […]
[…]descubre pronto el método de creación automático, en el que hace sus primeros dibujos en 1935 y ejecuta al temple, en 1936, la serie de radiografías paranoicas, en las que utiliza como color, además del negro, el amarillo y el gris plomizo […]
[…] A partir de 1937 y hasta 1939 el artista descubre las extraordinarias posibilidades automáticas del color, al mismo tiempo que aparecen en sus cuadros una gran variedad de imágenes que abarcan desde elementos antropomórficos hasta los estrictamente abstractos […]
[…] Desde 1939 y hasta 1942, y parte de 1943, el artista crea su famosa serie de cuadros fantasmales, que constituyen un periodo que el propio artista denomina “tibetano”, refiriéndose al cuadro denominado Tíbet, uno de los más característicos de este periodo. Domina en estos cuadros un extraño clima de desolación. Sumergidos en una atmósfera onírica, totalmente opuesta a la que pudiera permitir la existencia de seres vivos, encontramos figuras fantasmales, que insinúan la estructura general de seres humanos, pero que nos muestran detalles, al estar cubiertos de la cabeza a los pies por vestiduras poliédricas, de las que no se puede asegurar que sean realmente vestiduras o constituyan la esencia material misma del personaje que representan […]
[…] Desde 1943 —esporádicamente desde 1942— y hasta 1946, la temática del artista cambia fundamentalmente. Aparece la figura humana, barriendo totalmente el mundo de fantasmas. La atmósfera deja de ser la atmósfera nocturna de
lo irreal, para saturarse de los cálidos colores del sol, rojos y amarillos, entremezclados en palpitante combinación. Los elementos humanos que aparecen pueden reducirse a dos: un personaje barbado y una mujer joven, a veces representada desastradamente vestida en un paisaje en el que parece estar de tránsito; trotamundos que no vienen de ninguna parte y no van a ninguna parte, con un báculo para ayudar al sostén de su cuerpo cansado. En este periodo, que podríamos considerar de realismo automático, la figura humana está representada con minuciosa fidelidad, pero se trata siempre de retratos ideales, de la conformación plástica de obsesionantes imágenes interiores, que se repiten en cuadros sucesivos casi como las variaciones de un tema musical […]
[…] A partir de 1946 surge en el espíritu del artista la concepción de los puntos vectores o, más correctamente, puntos iniciales. Partiendo de estos puntos iniciales, el espíritu del artista se lanza en busca de otros puntos y así sucesivamente: las líneas vectoras trazan imágenes reveladoras de las más audaces aventuras automáticas, que van desde una nueva concepción plástica de la figura humana hasta figuraciones íntegramente abstractas.
Aquí es oportuno mencionar que el elemento abstracto —en su sentido de no objetivo— aparece repetidamente durante la evolución expresiva del pintor: surge como desintegración de la figura humana en sus elementos abstractos en Historia de dos personajes automáticos, cuadro al temple ejecutado en 1943, y como auténticas y totales abstracciones gráficas en Génesis de 1943 y Génesis de 1946, ejecutadas al pastel. Los colores usados son el amarillo violento y el negro, y el abstracto es el de contenido poético, como sucede con las grafías abstractas de [Joan] Miró, de [Paul] Klee y en algunas obras de [Wassily] Kandinsky.
[…] En el momento actual, el pintor oscila entre distintos requerimientos interiores: la técnica de los puntos vectores lo lanza a veces hacia audaces aventuras a través de la figura humana o del terreno abstracto; otras veces, más apaciguado, se entrega a la ejecución de melodiosas variaciones sobre una figura ideal de mujer. También lo requiere el grabado, en donde ha dado muestras de una finura de realización excepcional. El dibujo, especialmente en la ilustración de textos literarios, ha logrado su lápiz caligrafías saturadas de extraña sugestión, líneas que parecen dibujar las tortuosidades de un pensamiento torturado….
[…] Ahora pasemos a analizar siquiera brevemente la técnica utilizada por el pintor y que se conoce desde la aparición del surrealismo como método automático de creación artística. Cuando el artista creador subordina la realización de su obra a este sistema —en realidad corresponde al antiguo fenómeno de inspiración poética—, sucede lo siguiente: en primer término, si ha aprendido por adecuado entrenamiento a escuchar su voz interior —la antigua musa—, su obra se caracteriza por la rapidez, diríamos fluidez, con que se produce al eliminarse todas las trabas racionales que suspenden el proceso vertiginoso de la inspiración, el dictado interior. Este es el caso de Batlle Planas. Su producción revela una fecundidad y facilidad poco comunes, resultado de una feliz canalización de las tensiones interiores…..
….Y aquí volvemos a encontrarnos frente a los cuadros de Batlle Planas como espectadores, y como espectadores que saben que un artista nos envía un mensaje plástico directamente a nuestra sensibilidad, que intenta llegar a nuestra comprensión por un camino no racional. Nos habla en sus cuadros de vagas angustias, de ensueños, de aspiraciones indefinidas, de entes ideales a cuya grandeza uno quisiera aproximarse, y todo esto en un lenguaje de colores nunca siquiera imaginados, de azules y grises de una transparencia solo posibles en la atmósfera del sueño. En otros momentos nos presenta vibrantes atmósferas doradas y cálidas que nos hablan de la necesidad de vivir, de superar la desesperanza en que está sumido el hombre, o nos muestra líneas torturadas que deshacen rostros con la marca de terroríficas angustias que parecen retroceder a las pesadillas infantiles o a los terrores de razas primitivas. El color adquiere una calidad emotiva extraordinaria y con elementos simples, sin estridencias, crea el clima emocional adecuado. El dibujo no es menos dócil que el color al deseo de expresión del artista y así se vuelve rígido, directo o esquemático donde domina la angustia, el terror o la melancolía, y ondula hasta acabar en la ternura de los arabescos o desaparecer en los juegos de luces de los claroscuros cuando, por el contrario, las emociones cálidas y exaltadoras dominan el cuadro.
Finalmente, una gran síntesis de elementos polares abstractos y surreales parece realizarse en el artista a raíz de la adopción de la técnica de los puntos guías: el pintor busca solucionar el problema de su soledad integrando en la figura humana los elementos de organización cósmica, es decir, fusionar en una unidad los elementos automáticos humano-intuitivos con los principios de una matemática suprahumana de validez universal […]
[…] He aquí en definitiva el mensaje que nos envía Juan Batlle Planas, un notable pintor contemporáneo, que ha sabido buscar la fuente de inspiración en sí mismo y del cual todavía esperamos otros mensajes plásticos, otras estupendas revelaciones de ese mundo de lo maravilloso en el cual es explorador.
RETRATO DE ADOLFO DEL ESTE POR SU DOBLE
Quiere penetrar en el recuerdo de cuando nada era
Se echa a dormir en los huecos de las palabras inútiles
Edades físicas
Oficio de extraviarse sólidamente
No acepta las paredes e hinca su perfil en la esperanza
Para revelar lo oculto comienza por disipar lo visible
Sentado en el panorama de las temperaturas
Un termómetro en la mano y la sombra del mar en la
frente
Quien se acerca despacio
Y cuchichea al oído de los mercaderes desaforados
Se arranca las gafas para ignorar la fuga inevitable de
los ángeles precarios
Se apoya ligeramente sobre el bebedor de chocolate
Mientras los tartamudos
Heredan las reverencias
Y las mujeres opacas persiguen una existencia salobre
en la margen del ruido
Y AMA A MUJERES MÁS OPACAS AUN QUE LA VIDA
Busca la lógica repugnante de los coleccionistas de
orejas
Le sorprende el día moviendo su cabeza negativa
La solución sin rostro, distraída, señala el último límite
Y dos geometrías al revés se abrazan sin encontrar sus
bocas
Mirando como caen las enseñanzas adiposas
sobre el tedio preciso de sí mismo
La llama se nutre de planos elípticos
y persigue a lo lejos el caballo fugitivo
de antemano vencido por la sorprendente similitud de
los tentáculos
Pero consigue llegar por auténticas nostalgias a actitudes
opuestas
Al marchar se estorba
y siempre fracaso si huye del vigilante ojo ojival.
(Qué; 2ª. Serie, 1930)
Notas
[1] Aldo Pellegrini (1903 – 1973) fue un poeta, dramaturgo, ensayista y crítico de arte argentino. Fue el principal teórico, difusor y fundador del primer grupo surrealista en el país. A través de revistas fundamentales Ciclo, Letra y Línea, A partir de cero. (1952-1956), reunió a poetas y artistas visuales de tendencia surrealista. En 1967 organizó en el Instituto Di Tella la importante muestra Surrealismo en la Argentina. Entre sus libros de poesía, se cuentan: El muro secreto – 1949, La valija de fuego – 1953, Construcción de la destrucción – 1957, Distribución del silencio – 1966, Escrito para nadie 1973.
El conjunto de su obra fue editado en 2002 con el título de La valija de fuego.
Fotos: Fondo documental Juan Batlle Planas – Colección Silvia Batlle.

