Juan Batlle Planas: 60 años después… un recorrido

Cuando me dispuse a escribir este texto, se hizo presente el conteo por décadas habitualmente elegido para recordar aniversarios. “Los mecanismos del número”, podría haber escrito mi padre. A partir del mes de octubre de 1966, se sucedieron días de soledad, vacío, silencio, incertidumbre. Momento bisagra en mi vida, terminado el colegio secundario, tenía dudas sobre la elección de una carrera universitaria: Arquitectura o Letras. El golpe militar, la intervención en el colegio donde estudiaba, la Noche de los Bastones Largos, la ausencia de sostén familiar, los dilemas de cómo sobrevivir económicamente en una situación extremadamente adversa.

Una pérdida dolorosa sumada a la de mi madre, siete años antes.

Situaciones muy difíciles que pude sobrellevar gracias a una infancia vivida con amor, alegría, libertad y valores, junto con la ayuda de mis amigos, mi familia y el psicoanálisis.

Siguieron los años de reconstrucción a base de trabajo, estudio y esfuerzo. La concreción de un camino propio, la formación de una familia, los proyectos, las obras en arquitectura para la salud en sanatorios y hospitales, la docencia, la participación en el archivo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, la preservación y el cuidado del legado recibido.

Los muros quedaron vacíos, durante los primeros años, en parte porque los cuadros evidenciaban su ausencia. Interrumpí las visitas a galerías de arte y museos; sólo participé en exposiciones homenaje.

Muchos años después, la exposición de la Colección de obras de Juan Batlle Planas donada por Julio Werthein a la Universidad de La Plata en 2005, representó para mí un hecho profundamente emotivo porque significó la recuperación de una colección perdida que pasó a formar parte del patrimonio público.

Su exhibición en la casa Curutchet —única obra realizada en la ciudad de La Plata por el arquitecto Le Corbusier y bajo la dirección del arquitecto de Amancio Williams, a quienes admiro— se sumó a mi entusiasmo.

En la madrugada del día de la inauguración me desperté totalmente despejada. ¿Qué hacer hasta las cuatro de la tarde, hora fijada para partir hacia La Plata? Imaginé, entonces un diálogo entre Batlle Planas y Le Corbusier arquitecto, pintor y escultor. Ambos contemporáneos, compartieron una actitud rupturista con las teorías y prácticas academicistas decimonónicas. Coincidieron en sus actividades como pintores y escultores.

Le Corbusier con un estricto pensamiento racional aplicó principios técnicos y estéticos muy definidos en arquitectura, “los cinco puntos básicos” de la arquitectura moderna. Sin embargo, realizó obras de variada expresión formal, sin preceptos, como la capilla de Ronchamp. En relación a la pintura, “el Corbu” manifestaba en Mise au point (su libro publicado en 1965): «…Es ahí, en mi taller de pintura, donde se encuentran las fuentes de mi arquitectura».

En pintura, incorporó elementos abstractos, adoptó formas y colores con una actitud más libre. Creó el movimiento Purista junto con Amédée Ozenfant. Se interesó por estudio del cuerpo y sus proporciones a partir de las cuales creó el Modulor.

Por su parte Batlle se basó en el automatismo como sistema de creación, adoptó el método paranoico crítico de Salvador Dalí, investigó sobre el inconsciente, el universo de los sueños, el concepto de energía.

Un núcleo persistente en sus pinturas es el estudio del cuerpo, el cuerpo radiografiado, el cuerpo máquina, desmembrado, deformado en alguna de sus partes, de-construido. Incorporó elementos abstractos desde sus primeras obras.

Batlle adhirió al Movimiento Moderno. Estableció amistad con los arquitectos Bonet, Ferrari Hardoy y Kurchan. Realizó murales en obras de los arquitectos Mario Roberto Álvarez, Aslan y Ezcurra, los ingenieros José B. y Guillermo Joselevich.

Ambos, Batlle Planas y Le Corbusier, interesados en los conceptos de composición, orden, unidad, conformación del espacio, incorporación del color, materialidad, contexto, escala, inherentes a su trabajo.

Comprendí, años más tarde, que esa conversación fue el inicio de mi propio diálogo, el placer de contemplar la obra de mi padre, descubrir y relacionar sus trabajos, los escritos, la biblioteca personal, la correspondencia, las publicaciones, los testimonios de escritores, artistas, y la construcción de una mirada singular sobre su producción.

Se sucedieron participaciones en muestras, la revisión del legado durante la pandemia, la conformación del Fondo documental Juan Batlle Planas – Colección Silvia Batlle, la digitalización de obras y documentos, el proyecto y realización de la página web www.batlleplanas.net.ar y de Instagram @ batlleplanas.artista Más recientemente la presentación de textos que visibilicen los documentos del fondo, su catalogación, la trasmisión del legado para estudio de investigadores, curadores, estudiantes, profesores

60 años después … recuerdos de infancia

Dos obras de mi padre acompañaron mi infancia y adolescencia: Figura y Los mecanismos del número.

FIGURA, ocupaba uno de los muros del centro vital de nuestra casa: “el comedor”—espacio de juegos— de dibujo y pintura de mi padre los fines de semana, de realización de las prendas diseñadas por mi madre, de finalización de los “deberes” de la escuela. Todo sucedía alrededor de la mesa familiar. Vivíamos en un quinto piso desde donde se visualizaba la cúpula y la torre de la parroquia de la Inmaculada Concepción; la luz de los atardeceres completaba la atmósfera del espacio.

La pintura estaba ubicada por encima de una mesa diseñada por mi padre rectangular, alargada, de reducida profundidad color negro con tablero de cuero verde. Los soportes disminuían de sección hasta apoyarse en el suelo. Sobre su lado izquierdo, cercano a la puerta de ingreso se apoyaba una lámpara con base de vidrio que contenía un pajarito amarillo embalsamado sobre unas ramas; parecía formar parte de la obra.

Figura, impasible contemplaba nuestra agitación y alegría.

Me gustaba el colorido del fondo.

LOS MECANISMOS DEL NÚMERO, formaba parte del estar, espacio reservado a las fiestas y a las reuniones con amigos, habitualmente en penumbra.

Estaba conformado por seis bibliotecas dispuestas en dos muros en ángulo recto. Contenían libros y revistas de arte.

Recuerdo una noche junto a una pareja de invitados, amigos de mis padres. Sentada en el piso, miraba un libro de Steinberg, admirada por sus dibujos de humor sutil en una sola línea. Progresivamente mis ojos solo veían puntos rojos; con gran esfuerzo lograba no caer dormida, percibía el aroma del café envolvente y el rumor de la conversación.

Una fotografía de Antonin Artaud en un lateral daba miedo.

Dos sillones BKF y otros dos de gran porte, tapizados de color verde, acompañaron mis sueños en las altas horas de la noche durante las reuniones de mis padres. Una mesa baja de menores dimensiones, similar a la del comedor, pero con tapa de vidrio junto con otras mesas circulares con lámparas, todas diseñadas por mi padre, completaban el mobiliario.

Esta obra fue receptora muda de mis recitados en francés y de las lecciones de historia.

Una puerta de cuatro hojas plegadizas vidriadas, con cortinas adosadas, separaban el estar y el comedor; su apertura permitía vincular los espacios y las obras.

60 años después… una nueva mirada | Los recuerdos adquieren una renovada realidad

Ambas obras fueron realizadas durante un mismo año. Una ligada a la tradición pictórica «a la manera de», como desafío, formando parte de su aprendizaje. Otra como búsqueda de nuevos aportes a la producción pictórica. La simultaneidad de distintas imágenes fue un rasgo que Batlle mantuvo a través del tiempo.

60 años después
FIGURA, témpera, 1948, 95 x 65cm
FIGURA

Contundente, esta figura femenina de rasgos definidos, con la mirada fija, atenta, decidida, parece avanzar, ¿hacia dónde se dirige?, ¿cuál es su destino? ¿será un instante capturado en un camino?
Se encuentra enmarcada en un portal florido, ataviada con un pañuelo con flores que envuelve su cabellera; un ropaje con elementos geométricos, completan la figura. Hacia el fondo se esboza un montículo que bien podría ser la montaña de Ullà, de Torroella de Montgri; remite a un paisaje pastoril. Puede asociarse a la serie Noica, iniciada por Batlle en 1946.
La atención se detiene en la mano ubicada en dirección contraria a la mirada de la figura; se destaca por su tamaño; con extrema suavidad, una vara transparente se desliza entre sus dedos; el meñique se aparta y se extiende, indicando una pausa, un mensaje que se trasmite a la mano, sugiere la posición previa a la acción de pintar.Una atmósfera envolvente nos atrapa, los colores se conjugan con pequeñas variaciones otorgando unidad al conjunto.

LOS MECANISMOS DEL NÚMERO, témpera, 1948, 102 x 62 cm
LOS MECANISMOS DEL NÚMERO

Forma parte de una serie significativa de su producción.
El título plantea un enunciado enigmático, vincula quizás, el funcionamiento de los mecanismos dependientes de una ecuación matemática con los mecanismos de la creación artística.
Conceptos similares de acumulación de energía, regulación, movimiento, dinámica, grados de libertad, junto con otros fueron aplicados por Batlle Planas
Obra de gran fuerza expresiva, los trazos negros envolventes van conformando el rostro y el cuerpo, un único gesto, sin pausa.
Se destaca el detalle del gorro-aureola, presente en otras de sus obras, la preeminencia del ojo, el punto inicial que sostiene el ropaje de la figura.
Estas imágenes, figuras materna y paterna quedaron grabadas en mi memoria y hoy actualizan el querido hogar familiar.
Sin pensar, en forma mecánica, he escrito innumerables veces los datos de estas dos obras.
Hoy, registro conscientemente y con emoción que ambas fueron realizadas por mi padre en 1948, el año de mi nacimiento.